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This page contains contributions from invited distinguished guests of LatinoWorldOnline.com or MundoLatinoOnline.com. This time we have the privilege to present Mario Barros. Mr. Barrios is solely responsible for his opinions.


Esta página contiene contribuciones de distinguidos invitados de LatinoWorldOnline.com o MundoLatinoOnline.com. En esta ocasión, tenemos el privilegio de mostrar a nuestros lectores a Mario Barros. Mario Barrios es completamente responsable por sus opiniones.

Mario Barros es un escritor, humorista, dramaturgo, actor y compositor cubano. En la actualidad, como Lenguaviva, Barros escribe y conduce el segmento radial de crónicas costumbristas "El Bus de Lenguaviva Lunes 4:00 pm y Miércoles 8:30 pm
WUNR Radio Atlántica, 1600 AM. Un programa creado y conducido por Mario Barros (Lenguaviva), El humorista cubano de Boston.  Para más información sobre el autor, usted puede visitar http://www.lenguaviva.org/.

The Editor.

EL BUS DE LENGUAVIVA
Por Mario Barros (Lenguaviva)
DE LA NIEVE Y LAS NEVADAS

   Con todo lo que ha nevado últimamente me parece oportuno hacer un breve análisis de la nieve y sus consecuencias. Para empezar, hay que entender que la nieve es sólo agua. Blanca, congelada, pero pura y simple agua que cae del cielo... como una maldición. Hay que tomarla entonces sólo como una señal clara e inequívoca de que todavía falta muuuuuuuuchoo para que llegue el verano. ¿De acuerdo?
   La nieve, no obstante, nos trae problemas, sobre todo a los hombres. Porque en cuanto empieza a nevar nuestras queridísimas esposas nos ponen a palear de manera inmisericorde, cuando lo más aconsejable es quedarse tranquilo viendo televisión y tomando un buen chocolate caliente... o un buen ron. Pero no, hay que palear antes de que la nieve se convierta en hielo, porque entonces no hay Dios que la quite y uno puede patinar y romperse la crisma. Y si no tiene seguro médico, está frito.
   El segundo problema es que una buena nevada limita la movilidad de forma sustancial. Como pasó hace unos días, cuando se rompieron todos los récords de lentitud en las calles y carreteras de este estado. A mi amigo Aparicio le tomó cinco horas recorrer cinco millas en su carro, a milla por hora. ¡Se hubiera demorado menos si hubiera ido arrastrándose! En nevadas como esa, casi que es mejor quedarse en casa... aunque la mujer nos ponga a palear como un esclavo griego.
   Y si la nevada lo agarra a uno en un aeropuerto, la cosa se pone más complicada aún. Porque lo más insoportable del mundo es pasarse horas y horas oyendo la misma grabación: “No pierda de vista su equipaje ni acepte paquetes de personas desconocidas, porque uno nunca sabe lo que pueden tener dentro.” Es verdad que la seguridad de los vuelos es lo primero, pero ¿se imaginan tener que zumbarse esa candanga durante horas? ¡Al lado de eso la tormenta es una bobería, brother!
   Aunque, a decir verdad, lo más malo de una nevada no es la nieve, sino la cobertura de la televisión. Todo empieza cuando aparece el primer weatherman y anuncia: “El viernes vamos a tener un noreaster que puede dejar doce pulgadas de nieve, pero todavía no hay seguridad, porque los modelos de las computadoras muestran diferentes rutas”. Chico, ¿y no hay manera de poner a las computadoras de acuerdo para tener certeza de si va a haber tormenta o no? Parece que eso es imposible. Entonces comienza una competencia entre los canales para ver quién le mete más miedo a la gente. Que si esta va a ser una tormenta enorme, que si hay que estar preparados para lo peor, que si como ésta no hay dos... Y la gente va a los supermercados a comprar cuanta comida encuentra, como si el mundo se fuera a acabar.
   Al fin llega el temido día y, efectivamente, la nevada es de altura. Pero entonces viene lo peor de lo peor: te ponen a todos los reporteros en la calle agarrando la nieve con la mano y enseñándotela, como si nunca la hubieras visto, como si no tuvieras el driveway lleno de la maldita masa blanca y tuvieran que explicarte cómo es. Y le hacen entrevistas a la gente y siempre dicen las mismas tonterías: me gusta la nieve, no me gusta la nieve. Eso una y otra vez. ¡Peor que la grabación del aeropuerto!
   En resumen que para sobrevivir el invierno y conservar la salud mental me permito darle unos consejitos:
   Usted vive en New England: acepte la nieve. No le queda más remedio.
   Es muy bonito ver nevar. Aproveche, contemple la nevada con tranquilidad y manténgase sedado. Lo va a necesitar, por lo que viene después.
   Evite conducir su auto durante las nevadas. Camine... si puede.
   Evite ver televisión durante las nevadas. Mejor aún, evite ver televisión.
   Y el consejo más importante de todos: esconda la pala y convenza a su mujer de que hay anunciada una ola de calor al final de la tormenta y toda la nieve se va derretir. ¡A lo mejor se pone de suerte... y es verdad! 

Por Mario Barros (Lenguaviva)

(c) Mario Barros, Boston, 2007.


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