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Por Mario Barros (Lenguaviva)
El precio de la gasolina
Con el precio del barril de
petróleo flotando por encima de las nubes como
está, me parece conveniente analizar algunas
variantes para enfrentar nuestras necesidades
energéticas. Nadie sabe a ciencia cierta por qué
el valor del oro negro está subiendo tanto
últimamente. Hay quienes dicen que es por la
guerra en Iraq. Otros le echan la culpa a Irán. He
oído decir que Chávez es el que está creando todo
el problema. Y como cada experto tiene su opinión,
para mi no es ningún problema dar mi criterio
también... aunque a nadie le importe un comino ni
me lo hayan pedido tampoco. No obstante, yo estoy
en todo mi derecho de decir lo que me dé la
gana... mientras no hable mal del dueño del
periódico, claro está.
En mi modesta opinión, todo es una gran
componenda entre los países productores y las
grandes compañías petroleras para manejar los
precios del crudo y meterse miles de millones de
dólares más en sus grandes bolsillos, que más que
bolsillos, parecen bolsones. Y como esa gente se
empeña en que tengamos que seguir comprándoles sus
productos para mover nuestros autos, a mi se me
han ocurrido varias formas de quitarnos el
problema de arriba... y de paso fastidiarlos:
Primero: hay que instalar molinos de viento
sobre el techo de los carros. Así la energía
eólica se transforma en movimiento que hace girar
las ruedas. Y cuando no se necesite, entonces esa
energía se almacena en la batería del coche para
arrancarlo, encender las luces, oir el radio y
demás tonterías. ¡Y así no hay que gastar dinero
en gasolina! Sencillo, ¿verdad? Pero... ¿qué pasa
si no hay viento para mover el molino? Entonces se
procede a la siguiente variante, que es:
Instalar paneles fotoeléctricos, también sobre
el techo de los autos. El procedimiento es el
mismo: la energía solar se transforma en
electricidad que mueve el carro sin necesidad de
gasolina. El único problema es que este sistema
funciona muy bien en días soleados. Cuando el
tiempo esté nublado, pues se cambian los paneles
fotoeléctricos por los molinos de viento de la
solución anterior. ¡Y resuelto el problema!
Aunque... ¿qué hacemos en días en que no haya ni
viento ni sol? ¡Ah!, entonces hay que proceder a
las siguientes soluciones:
Si usted vive cerca de una cascada, ¡utilice la
energía hidráulica!; si reside junto al mar, ¡haga
uso de la energía de las mareas!; si su hogar
queda cerca de un volcán, pues entonces ¡dese
gusto usando la energía geotérmica, amigo! Claro,
siempre existe la posibilidad de que usted viva
lejos de la costa, en un lugar donde no haya ni
cascadas ni volcanes. Como en Worcester, por
ejemplo. ¿Qué hacer en esos casos, sobre todo los
días que tampoco haya ni viento ni sol?
Entonces... no queda más remedio que recurrir a...
¡LA BIOMASA!
Por biomasa se entiende la... descomposición...
de... residuos... orgánicos (¡puaf!). Toda esa...
porquería produce gas metano, que es muy bueno
como combustible. ¡Y la biomasa se encuentra en
todas partes! Sí, yo sé que toma trabajo
recolectarla, pero les garantizo que no les va a
costar un centavo. De modo que la solución ideal
para resolver el problema está en... ¡los gansos
canadienses! ¿Ustedes no se han fijado en la
cantidad de... recuerdos que esas avecillas dejan
en los campos deportivos? Pues bien, lo único que
hay que hacer es recoger tres o cuatro libras
todos los días y echarlos en el tanque de la
gasolina del carro. Una vez que esa biomasa se
descompone (¡puaf!) , funciona igualito que la
gasolina. Y así podemos matar dos gansos... digo,
dos pájaros de un tiro: nos ahorramos una fortuna
en combustible y de paso contribuimos a limpiar
los pastos de las gracias de los gansitos. Y lo
mejor no es eso: la biomasa la podemos también
usar en los boilers, y ¡hasta en las cocinas de
gas! ¡Amigos, la solución de la crisis energética
la tenemos delante de nuestras propias narices...!
Aunque no huela muy bien, la verdad. Y ahora me
voy, que tengo que ir a recoger una bolsa de
biomasa para echarle al carro. Porque, yo no sé
ustedes, ¡pero yo sí que no me gasto un peso más
en gasolina!
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